3 octubre 2012, miércoles. XXVI semana Tiempo ordinario

Job 9,1-12.14-16:

Respondió Job a sus amigos: «Sé muy bien que es así: que el hombre no es justo frente a Dios. Si Dios se digna pleitear con él, él no podrá rebatirle de mil razones una. ¿Quién, fuerte o sabio, le resiste y queda ileso? Él desplaza las montañas sin que se advierta y las vuelca con su cólera; estremece la tierra en sus cimientos, y sus columnas retiemblan; manda al sol que no brille y guarda bajo sello las estrellas; él solo despliega los cielos y camina sobre la espalda del mar; creó la Osa y Orión, las Pléyades y las Cámaras del Sur; hace prodigios insondables, maravillas sin cuento. Si cruza junto a mí, no puedo verlo, pasa rozándome, y no lo siento; si coge una presa, ¿quién se la quitará?; ¿quién le reclamará: "Qué estás haciendo"? Cuánto menos podré yo replicarle o escoger argumentos contra él. Aunque tuviera razón, no recibiría respuesta, tendría que suplicar a mi adversario; aunque lo citara y me respondiera, no creo que me hiciera caso.


Salmo 87  R/. Llegue hasta ti mi súplica, Señor

Llegue hasta ti mi súplica, Señor.
Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias?R/.

¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla,
o tu justicia en el país del olvido?R/.

Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?R/.


Evangelio según san Lucas 9,57-62:

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: «Te seguiré adonde vayas.»
Jesús le respondió: «Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»
A otro le dijo: «Sígueme.»
Él respondió: «Déjame primero ir a enterrar a mi padre.»
Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.»
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.»

Jesús le contestó: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.»


DE LA PALABRA DEL DIA
Mientras Jesús y sus discípulos iban de camino, uno se acercó y le dijo: Te seguiré a donde quiera que vayas. Jesús le respondió: Las zorras tienen madriguera y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre  no tiene donde  reclinar la cabeza. Lc 9, 57-58

¿Cómo vivir esta Palabra?
La persona que se acercó a Jesús probablemente era un joven. Si no de edad, sí de corazón. Había advertido la fascinación, el valor de una persona  plenamente humana y al mismo tiempo divina, y por ello la vemos dispuesta a seguir a Jesús por los caminos  abarrotados de gente  entusiasmada, atraída  por  los “grandes signos” que Él realizaba: curaba toda clase de enfermedades, pronunciaba sermones con palabras iluminadas, prometía una vida más allá de la que vivían. No cabe duda que el seguirlo valía la pena.
La respuesta de Jesús está en la línea de una verdad que ardía, sin oropeles. Su vida (y por tanto también la de quien lo siguiese) estaría en línea de pobreza. No obstante, como aparece con frecuencia en el Evangelio, Jesús se expresaba con hipérboles. “el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”.
Más allá, o mejor, en el corazón de la expresión, existe esta verdad: Jesús vivía libre de toda posesión y proponía un estilo  de absoluta esencialidad.

¡Señor, qué actual es también esta propuesta hoy para mí! En una sociedad que idolatra  todo tipo de “tener”, Tú me propones la “libertad del ser
Ayúdame, Señor,  te lo ruego,  a ser crítico de tantas propuestas e invitaciones a comprar cada vez más cosas. Haz que descubra lo bello que es prescindir de lo superfluo también para dar, libre y contento, aquello que para mí  está de más y para el pobre es necesario.

La voz de un joven rico, hoy monje de vanguardia
La estética que hay que descubrir hoy, es la de la simplicidad. Jesús, en Nazaret, durante treinta años se ocupaba de las personas con su mismo trabajo manual. Era sencillo y solidario.
                                                                                   Paolo Dall´Oglio