13 junio 2012, miércoles. X semana Tiempo ordinario
DE
LA PALABRA DEL DIA
No creáis que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolir, sino a
dar plenitud. Mateot
5, 17
¿Cómo
vivir esta Palabra?
En
el Evangelio de hoy Jesús hace una exposición muy iluminadora de la ley del
amor. La ley dada por Dios a Moisés es sagrada; es Palabra de Dios que por
medio de los profetas tuvo viva en el pueblo de Israel la promesa del Mesías.
Jesús es el cumplimiento de la promesa y por tanto también de la ley, y Él
afirma que no había venido para abolirla.
Ciertamente la ley propone el
bien y condena el mal, manda lo que hace crecer a la vida y veta lo que la disminuye. Pero cuando el
hombre, codicioso de libertad, se convierte en un hombre confuso, perverso,
cambiando bien por mal y mal por bien,
la ley es necesaria para la
convivencia humana. Y Jesús, el Mesías, confirma el valor de la ley pero invita a liberarse de la
protección de la ley, escondiendo detrás de ella el propio egoísmo e
hipocresía.
La
perfección de la ley es el amor que tiene su fuente en Dios, no en los juegos
políticos de oportunismo. Quien no ama tiende a ver la
ley como coerción, o como ocasión para transgredir. Quien ama, en cambio, cumple
todo lo que la ley requiere e incluso más aún por amor (amor a Dios y al
prójimo).
En mi pausa contemplativa de hoy, me examinaré sobre el
amor: ¿vivo en la ley del amor, por la que trato de hacer que crezca la vida en
mí y en los demás?
¡Señor Jesús,
enséñame a amar de verdad!
La
voz de un guía espiritual contemporáneo.
La cuenta es
siempre pagada por quien más ama. Respecto al hombre, es Dios quien siempre
paga. Un Dios que siempre tiene pérdidas. Mientras que somos muchos los que
ganamos, precisamente por el amor. No
hay nada que “rinda” tanto como las
obras de caridad en todos los sentidos. También la santidad “rinde” mucho: una
economía que está siempre activa.
David M. Turoldo.