¡Feliz fiesta de María Auxiliadora!
24 mayo 2012,
jueves. VII semana de Pascua.
Fiesta de María Auxiliadora
DE
LA PALABRA DEL DIA
Les he dado a conocer y les daré a conocer tu
Nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, como también yo estoy en
ellos. Jn
17,26
¿Cómo
vivir esta Palabra?
Con
esta perícopa concluye la plegaria de Jesús: herencia, para nosotros, de un
contenido inefable.
Jesús
atestigua haber transcurrido ya el tiempo de su misión de dar a conocer a Dios
como origen de todo: la persona de Dios como Padre de infinita dedicación y
ternura, el manantial del que él mismo había surgido en virtud de aquel amor-persona
que en la Trinidad es la ligazón, el vínculo de lo tres que, precisamente en
él, son sólo un Dios.
Ahora
la revelación desconcertante es que Jesús quiere darnos a conocer plenamente la voluntad de Dios. Sí,
porque Dos es sustancialmente amor,
desea que este amor esté también en
nosotros, haciendo presente la persona de Jesús. Precisamente él, siendo
Camino, Verdad y Vida da sentido, sostiene, orienta en la luz nuestra existencia.
En
este tipo de sociedad, en la que con frecuencia el hombre y la mujer se sienten
terriblemente solos, inmersos en un
incomunicabilidad que congela los días, ¡qué provincial es esta Palabra, divina
promesa de Jesús!
Hermoso
es el testimonio de un joven que afirmaba haber comprendido que amaba si vivía,
pero que si no amaba, su vida era la
máscara en un cadáver ambulante.
Indudablemente se pueden perseguir y
obtener cosas que aquí y allí dan euforia: mucho dinero, mucho poder,
mucha fama. Pero sin el amor todo
es fuego fatuo que, con el viento de la prueba, de la contradicción, de la
enfermedad se apaga rápidamente.
Señor
Jesús te pido también con el auxilio de María, Madre del amor, que Tú afiances mi familiaridad con tu Palabra.
Es tu Palabra la que me revela la ternura
infinita de Dios-amor; lo que todavía te pido es hacer espacio al amor
también en los rincones más oscuros de mi corazón. Quiero estar vivo porque amo y no una ilusión ambulante.
La voz de un Papa santo
El hombre no
puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, si no se le revela el amor, si no lo experimenta y no participa vivamente de él.
Juan Pablo II