18 mayo 2012, viernes. VI semana de Pascua
DE
LA PALABRA DEL DIA
También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré
a veros y se alegrará vuestro corazón y
nadie os podrá quitar vuestra alegría. Juan 16,22
¿Cómo
vivir esta Palabra?
La
imagen de la mujer que está para dar a luz a un hijo es una feliz imagen para
ilustrar la situación existencial del discípulo de todo tiempo; se padece y se sufre nostalgia, deseando una
experiencia más fuerte de Jesús. Pero el peso de nuestra mortalidad, de lo
límites personales y del aparente caos de nuestro mundo, fácilmente hace
olvidar el tremendo don de la resurrección y la repercusión que ésta tiene en
nuestra vida presente. Jesús resucitó y toda
la realidad creada goza sus
consecuencias.
La
existencia humana, atravesada por situaciones ambivalentes de felicidad y de
sufrimiento está ahora preñada de vida nueva por la resurrección de Jesús. Esta
no fue sólo un evento histórico documentado –pero pasajero- , es un acto divino
que remueve y transforma toda la realidad: hombre nuevo; tierra y cielos nuevos…
Es el sello del Padre a la salvación
obrada por Jesús su Hijo amado; es el
sello que señala el comienzo de la era
nueva del Espíritu que abarca la libre elección de toda persona. Toca a cada uno tomar en mano el propio destino,
acoger al Espíritu de Jesús y vivir desde ese momento una vida iluminada,
acompañada por la Palabra de Dios y por el Pan Eucarístico. Nadie, después, “os podrá quitar vuestra alegría”.
En mi pausa de
contemplación de hoy, sentiré la urgencia de encontrar a Jesús en el silencio
de mi corazón, en la oración, en las personas y en las obras buenas, en los
fracasos de la vida, en las calamidades, etc. Tendré confianza porque Jesús está
conmigo, y su Espíritu me vivifica en mi
interior.
Señor
Jesús, ilumina mi modo de ver, de
escuchar, de hablar, de tocar, de comprender
la Realidad que existe dentro de mí y la
realidad circundante.
La
voz de un teólogo
El hombre nuevo es
el hombre vuelto a sus orígenes, hecho a imagen y semejanza de Dios. Es el
hombre vuelto a ser hecho por el Espíritu… Así, después
de la pasión vino la alegría por Jesús resucitado: alegría para
los discípulos que vuelven a ver al Señor; alegría para María
que se convierte en Madre del
pueblo de los santos. Y hay alegría por
el don del Espíritu de la Verdad que enseñará
(a lo discípulos) toda cosa.
Mario Galizzi, sdb