10 mayo 2012, jueves. V semana de Pascua

DE LA PALABRA DEL DIA
Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor,  lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Jn 15,10
¿Cómo vivir esta Palabra?
La fuerza y el corazón del  evangelio de hoy se manifiesta a partir de un verbo, repetido tres veces en el versículo, que es “permanecer”. Permanecer es aquella capacidad de estar, de ejercer la obediencia, de vivir la fidelidad duradera, sobre todo en tiempos difíciles, única condición para adquirir consistencia, espesor, profundidad. Permanecer sin dejarse arrastrar por la tempestad de los propios  humores superficiales, por las propias sensaciones según aquello que en cada momento aparezca a nuestro gusto  más agradable o más apetecible.
Permanecer, ciertamente ¿pero dónde? Permanecer en el amor de Jesús que es el amor  mismo del Padre. Desear  hacer  de su amor nuestra morada, nuestro hábito, la  atmósfera en la que nos movemos, el aire que respiramos. Y esto con el convencimiento que después de la cruz de Jesús y de su descenso s los infiernos, en realidad no existe otro  lugar, situación o persona que no hayan sido alcanzados y envueltos por su amor.

Hoy en mi pausa contemplativa, volveré a leer con fe el salmo  138, 1-12; y cantaré  junto al salmista “¿Dónde iré lejos de tu Espíritu?” proponiéndome de corazón el voto de  estabilidad en el amor de Dios.
 Y rezaré diciendo: 
Que no sea nunca encontrado en otro lugar que en tu amor, mi Dios.

La voz de un Padre de la Iglesia
Ama y haz lo que quieras; si callas, calla por amor,  si corriges, corrige por amor, si perdonas, perdona por amor, ten siempre en el  fondo del corazón la raíz del amor; de esta raíz no pueden  sino brotar cosas buenas.
                                                                                              San Agustín.