22 abril 2012. III domingo de Pascua
DE LA PALABRA DEL DIA
Los discípulos contaban lo que les había acontecido en el camino y cómo reconocieron a Jesús al partir el pan. Mientras hablaban, se presentó Jesús en medio  de ellos y les dijo: “Paz a vosotros”. Lc  24, 35-36
¿Cómo vivir esta Palabra?
Los dos discípulos que en el camino de Emaús  experimentaron el asombroso encuentro con Jesús resucitado, no podían callarlo de ningún modo. Lo acaecido se convierte en narración de un hecho que, reflexionado en profundidad revela dos grandes retos a nuestra fe: Jesús de Nazaret es verdaderamente el Mesías porque es el primero de los resucitados. El segundo reto es la confirmación que Jesús,  el Crucificado-Resucitado sigue siendo una presencia única en los caminos de nuestra historia y en el misterio de la Eucaristía: pan partido para nuestra hambre que, desde lo profundo del alma grita su necesidad de salir de la soledad, de vivir en compañía de Dios.
Es también muy interesante reflexionar sobre el hecho que Jesús, apareciéndosele a los suyos, dice: “Paz a vosotros”. Es precisamente el don más necesario al hombre de siempre, también a cada uno de nosotros.  ¿No es quizás verdad  que con frecuencia, con mucha frecuencia, somos presa de dudas, de emociones, de sentimientos que nos sacuden y nos turban interiormente, hasta las raíces de nuestro ser?
También  nosotros,  personas  en camino, tenemos necesidad de reconocer a Jesús en ese “partir el pan” que es un momento culminante de la Eucaristía: reconocerlo como amigo divino, compañero divino que nos sostiene en nuestra existencia de peregrinos y extranjeros en un mundo muy bello pero complejo y fugaz, en un mundo donde el estar solos y no provistos de lo necesario es triste y ruinoso.

Sí, reconocerlo en la Eucaristía pero también  fuera de las celebraciones sacramentales. ¿No es quizás un continuo “partir el pan” también la cotidianidad de nuestros deberes cuando los  realizamos celebrando el amor que los transfigura, los eleva y los diviniza?
            Señor Jesús, que  yo te reconozca Resucitado, vencedor de todo lo que en mí es muerte y tristeza. Que yo te reconozca  al partir el pan.

La voz de un doctor de la Iglesia
Cristo está presente. El mismo Cristo que una vez hizo preparar la mesa de la Cena, ha preparado  ésta para vosotros.                                                   
San Juan Crisóstomo